El Fraude Científico y los denominados “Jóvenes Prodigiosos” (2º Regularidad).
Enviado el jueves, 07 de septiembre de 2006 por Juan José Ibañez.
En este artículo de nuevo se hace alusión al libro de Anatomía del Fraude Científico de Horace Freeland Judson que habla de “los jóvenes prodigios y el fraude”. ¿Es posible que un joven, por muy prodigioso que sea, pueda mantener durante años un ritmo frenético de publicaciones en revistas ISI, digamos que una por semana? ¿Difícil no? Lamentablemente, en muchos de estos casos, lo que se ha encontrado es fraude puro y duro, y del más reprochable…
Como todos sabemos, los grandes equipos, dirigidos por algunas de las mayores eminencias de la ciencia, desean reclutar a los jóvenes de mayor talento. Lo que ocurre es que a menudo talento y productividad científica no van de la mano, o cuando se da el caso, pueden ser acompañadas de fraude.
Judson narra que, en general, eran los “niños predilectos de sus jefes”, que durante años jamás repararon en alabarles frente al resto del equipo…Y ese fue el problema: la fe ciega y el exceso de confianza, en lugar de dudar de la gesta de llegar a producir un artículo casi cada semana, en muchos casos, terminó por ser la guillotina para ambos.
Para ser claros, talento debían tener y/o mucha imaginación para “inventarse” llanamente los datos, de tal modo que su jefe quedara iluminado. El problema estriba en que estos “popes” que no tenían tiempo de revisar los datos de estos pequeños monstruitos. La fe ciega de sus superiores, como hemos dicho, les confería la libertad de inventar sin trabas. Y cuando digo “inventar” es “inventar”…
Si bien parece ser también, que el exceso de confianza les hacía ser, con el transcurso del tiempo, más imprudentes, descuidados y atrevidos. Es obvio que la evaluación por “sus iguales” no era tal. En muchos casos, por firmarlos jefes de gran prestigio, los editores los publicaron bajo su propia responsabilidad, sin evaluación previa…
El drama fue aun mayor por cuanto sus jefes, una vez informados, se negaron a creer que sus protegidos realizaran tales prácticas, por lo que les defendieron vehementemente, sin analizar ni los datos, ni los papers…
En la mayoría de los casos mientras que los “prodigiosos” (“los detectados” por supuesto, ya que seguro que hay más) fueron expulsados, ellos perdieron toda credibilidad ante la comunidad científica…
Terminemos pues con una pregunta que dará pie a nuestra siguiente contribución. ¿Qué hacen las revistas cuando entre sus páginas se demuestra que hay material fraudulento?