fraude cientifico


El País publicou onte una entrevista a Jeffrey Drazen, director de la prestigiosa revista New England Journal of Medicine.

Entre outras cousas, Jeffrey Drazen apunta que esta revista recibe ao ano 6.000 artigos, dos que só publica 200, é decir o 3,3 %. Di que poderían publicar cinco veces máis, pero non terían o impacto que teñen.

Afirma que o fraude científico máis común é incluir nun artigo a outro autor sin avisarle e que si algún autor non lles di a verdade dos datos ” Entonces arruinamos su reputación científica y su carrera contándeselo al mundo. La reputación es lo único que tiene un científico”.

Así mesmo J. D. sinalou que para que un país teña éxito ten que nutrir su ciencia, ter as tecnoloxías adecuadas,atraer aos máis listos e dedicar diñeiro á investigación.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/cientifico/nos/miente/arruinamos/carrera/elpepisoc/20081101elpepisoc_9/Tes

A revista New England Journal of Medicine ten en 2007 un FI = 52.589 e sitúase ademáis no segundo lugar trala revista CA-A CANCER JOURNAL FOR CLINICIANS (FI=60.026), entre as revistas de Ciencias de maior FI do Journal Citation Report. Por outra banda, New England Journal of Medicine é a primeira revista con maior impacto dentro da súa categoría MEDICINE, GENERAL & INTERNAL.

El tema de fraude científico ha sido objeto de numerosos artículos, informes, denuncias y de extensos ensayos y libros. Este hecho, aparentemente insólito, ha despertado el interés de científicos, de  universidades e institutos, de psicólogos, sociólogos y filósofos, así como de políticos de la ciencia.

El debate, como sería de esperarse, se ha polarizado entre quienes pretenden que este acto es algo excepcional en el ámbito de la ciencia y aquellos que señalan que es más frecuente de lo que se piensa y no sólo eso, sino que parece que va en aumento. El tema sigue siendo de actualidad, tanto más cuanto desde entonces han aparecido numerosas denuncias de fraude científico en los más importantes medios de comunicación científica, como Nature y Science y que siguen publicándose ensayos y libros que analizan con preocupación el fenómeno.

Aún más, en los países científicamente desarrollados ya se han establecido oficinas y comités encargados de analizar y sancionar las conductas impropias de los investigadores, mientras que en otros como el nuestro, este espinoso tema no ha despertado la atención que merece.

La mentira, el engaño y el fraude. En los diccionarios las definiciones de estos términos parecen imbricarse y apuntan hacia una sinonimia. La mentira se define como “la expresión contraria a lo que se sabe, cree o piensa”; el engaño es “la falta de verdad” y el fraude es “engaño o inexactitud consciente”. Pero tal parece que en estas definiciones falta considerar la intencionalidad.

La mentira puede ser inocente y hasta piadosa; en cambio el engañolleva implícito el deseo de confundir al interlocutor y el fraude es claramente un delito, encaminado a obtener un beneficio y a lastimar al afectado. Aun así, estas tres categorías de falta a la verdad son éticamente reprobables y pueden adquirir dimensiones legalmente punibles.

En ACTA MÉDICA GRUPO ÁNGELES. Volumen 3, No. 3, julio-septiembre 2005

Un fraude científico no es un delito que pueda cometer cualquiera. Es una estafa perpetrada con pericia científica y a la vista de una comunidad científica. Para cometerla es necesario saber bastante, lo suficiente para engañar a quienes lo evalúan. En esto es igual a la falsificación de moneda o de pinturas famosas.Los fraudes científicos no son frecuentes, y ocurren casi exclusivamente en la investigación biomédica. Quizás esto se deba a dos motivos. Uno es que los médicos no son entrenados como científicos sino como artesanos, de modo que se engañan y autoengañan más fácilmente que los investigadores básicos. El otro motivo es que los investigadores en esa área están sometidos a una mayor presión para publicar que en cualquier otra.

El problema del fraude biomédico se ha vuelto tan agudo que la prestigiosa revista Science le dedicó el editorial de su edición del 18 de agosto de 2000, en la que se publicaba justamente una retractación de una nota, firmada por tres investigadores de la universidad angelina de Southern California que habían publicado un artículo en un número anterior de la misma revista.
El primer autor de esa retractación “ha reconocido una alteración de los datos que pone en cuestión las principales conclusiones del artículo”. No se sabe qué sanción le aplicó su universidad. Lo que es seguro es que será exiliado de la comunidad científica.

El editorial de marras enumera los perjuicios colaterales causados por el fraude en cuestión. Por ejemplo, algunos investigadores se fundaron sobre los presuntos hallazgos, y ahora tienen que rehacer sus trabajos da capo. Los referís del artículo perdieron su tiempo. El distinguido investigador que de buena fe escribió un comentario encomioso sobre un experimento que no se hizo perdió aún más tiempo y arriesgó su prestigio.
Pero el daño mayor es social: consiste en la depreciación de la confianza, no sólo dentro de la comunidad científica, sino también en el seno del público que contribuye a pagar las cuentas de la investigación. 

URL: La Nación http://www.lanacion.com.ar/

anatomia_fraude_thumbnail.jpgEl Fraude Científico y los denominados “Jóvenes Prodigiosos” (2º Regularidad).

Enviado el jueves, 07 de septiembre de 2006 por Juan José Ibañez.

En este artículo de nuevo se hace alusión al libro de Anatomía del Fraude Científico de Horace Freeland Judson que habla de “los jóvenes prodigios y el fraude”. ¿Es posible que un joven, por muy prodigioso que sea, pueda mantener durante años un ritmo frenético de publicaciones en revistas ISI, digamos que una por semana? ¿Difícil no?  Lamentablemente, en muchos de estos casos, lo que se ha encontrado es fraude puro y duro, y del más reprochable…

Como todos sabemos, los grandes equipos, dirigidos por algunas de las mayores eminencias de la ciencia, desean reclutar a los jóvenes de mayor talento. Lo que ocurre es que a menudo talento y productividad científica no van de la mano, o cuando se da el caso, pueden ser acompañadas de fraude.

Judson narra que, en general, eran los “niños predilectos de sus jefes”, que durante años jamás repararon en alabarles frente al resto del equipo…Y ese fue el problema: la fe ciega y el exceso de confianza, en lugar de dudar de la gesta de llegar a producir un artículo casi cada semana, en muchos casos, terminó por ser la guillotina para ambos.

Para ser claros, talento debían tener y/o mucha imaginación para “inventarse” llanamente los datos, de tal modo que su jefe quedara iluminado. El problema estriba en que estos “popes” que no tenían tiempo de revisar los datos de estos pequeños monstruitos. La fe ciega de sus superiores, como hemos dicho, les confería la libertad de inventar sin trabas. Y cuando digo “inventar” es “inventar”

Si bien parece ser también, que el exceso de confianza les hacía ser, con el transcurso del tiempo, más imprudentes, descuidados y atrevidos. Es obvio que la evaluación por “sus iguales” no era tal. En muchos casos, por firmarlos jefes de gran prestigio, los editores los publicaron bajo su propia responsabilidad, sin evaluación previa…

El drama fue aun mayor por cuanto sus jefes, una vez informados, se negaron a creer que sus protegidos realizaran tales prácticas, por lo que les defendieron vehementemente, sin analizar ni los datos, ni los papers…

En la mayoría de los casos mientras que los “prodigiosos” (“los detectados” por supuesto, ya que seguro que hay más) fueron expulsados, ellos perdieron toda credibilidad ante la comunidad científica…

Terminemos pues con una pregunta que dará pie a nuestra siguiente contribución. ¿Qué hacen las revistas cuando entre sus páginas se demuestra que hay material fraudulento?

Publicado por Rafael Maldonado Caro el 6 de noviembre de 2007 en el blog Genética, sociedad y otras hierbas (http://blogs.ua.es/genetica)

R.A. Fisher, estadístico y genético, propuso, en 1911, que los datos obtenidos por Mendel en sus experimentos con guisantes eran demasiado ajustados a lo esperado. En 1936 propuso que los datos de Mendel estaban falseados para que se amoldaran a sus teorías, y en privado llegó a comentar que gran parte de su trabajo estaba falsificado (“the data of most, if not all, of the experiments have been falsified so as to agree closely with Mendel’s expectations”).

Estos comentarios de Fisher procaron una reacción enorme entre los científicos de su tiempo, mayor si cabe que la provocada por el redescubrimiento de los trabajos de Mendel…

Tal y como sólo científicamente puede afirmar, actualmente no hay prueba alguna para afirmar que Mendel falsificó sus datos, ni que siguiera obtuviendo datos hasta que se ajustaran a sus pretensiones, como se viene objetando a menudo. Las alegaciones de Fisher son estadísticamente infundadas, principalmente porque parece que no entendió bien los experimentos que Mendel realizó. Injustamente, todos los rumores y versiones de las observaciones de Fisher han aparecido más o menos deformadas en cientos de artículos, libros y publicaciones de diversa índole…

Mendel sigue siendo el flamante e impoluto científico que aplicó el método a los caracteres cuantitativos para descubrir los genes. Sin embargo, las declaraciones racistas de Fisher y su negación de la relación entre el tabaco y el cáncer de pulmón no son tan comentados en los círculos científicos. Ya es momento de hacer un poco de justicia…

http://blogs.ua.es/genetica/2007/11/06/%c2%bfhizo-mendel-trampas/

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